El forastero


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Cuento de hadas negro

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Dorothy aterriza sobre la bruja y descubre que no está en Kansas. Lo descubre por el olor, por el calor del día, por sus manos sobre las plantas, porque Dorothy es ciega. Asustada hasta la histeria en ese país extraño que no conoce se aleja de su casa sin conocer nunca los mágicos zapatos de rubí de la bruja que su casa acaba de aplastar. Un hombrecito pequeño, cansado y débil por largas horas de trabajo en las minas le indica que quizás el Mago de Oz en el castillo esmeralda pueda ayudarla a regresar a casa. Dorthy comienza la caminata siguiendo las indicaciones del pequeño hombrecillo, pero nunca se entera que un camino de baldosas amarillas la podrían llevar sin pérdida hasta el castillo. En una plantación de maíz, desecha por una inundación se encuentra al espantapájaros. Las vacas muertas de hambre por todos los pastos perdidos se habían comido el brazo derecho del hombre de paja y Dorothy se lo encontró tirado en el suelo, casi podrido por el calor y la humedad. El espantapájaros decidió acompañarla, quizás el Mago de Oz le pudiera reponerle el brazo.
En una desértica explanada, después de muchos kilómetros de camino infructuoso se encontraron un doloroso cacharro metálico en el único charco de agua del horizonte. El hombre de hojalata está herrumbrado y por el rostro le chorrean lágrimas de líquido de frenos de alguna juntura rajada. El hombre de hojalata avanza a duras penas sobre una silla de ruedas puesto que sus piernas sirvieron para intentar construir un inutil pozo en el medio de este desierto. El hombre de hojalata, de color rojo por culpa del óxido, decide acompañarlos para ver si el Mago de Oz le podría poner piernas nuevas, o al menos una mejor silla de ruedas. Muchos kilómetros más hacia el horizonte se ven en medio de un pestilente pantano, tanto Dorothy como el espantapájaros luchan contra las muchas veces enfangadas llantas de la silla de ruedas del hombre de hojalata. Pelean horas hundiéndose en un barro medio caliente con burbujas de metano.
Muchas horas después, todos sucios y malolientes llegan al final del pantano donde se encuentran al león. Un espléndido animal en sus años jóvenes quizás, pero ahora con la piel arruinada con mil úlceras, las greñas de la melena hediondas y enredadas, los dientes picados, los ojos lagañosos el semblante de eterna tristeza. El león no es sólo un ser triste y miedoso sino patético. De semblante trágico y humor de funcionario el león los intenta convencer que la marcha es en vano, de que nada sirve ir a hablar con el mago de Oz, que un grupo tan triste y de tan mal olor nunca será recibido. Finalmente es convencido de acompañarlos en busca de una cura para el interminable escozor de todas las úlceras de su piel.
Así continúan la marcha hacia el castillo esmeralda. Aunque Dorothy no lo puede apreciar se encuentran en un yermo paisaje donde ninguna planta crece, donde el cielo es gris y las montañas a lo lejos parecen hechas de ceniza. Después de muchos días de caminata divisan en el final del horizonte una de la cúpulas del castillo esmeralda.
Pero a medida que se acercan descubren que la cúpula está rota, el que algún día fue un espléndido castillo está cubierto de polvo y hierbamala, las ventanas están ciegas y los vidrios reemplazados con cartones. Incluso los muros exteriores se ven descuidados y una mata de hiedra venenosa se apropia de la pared como un cáncer.
Finalmente llegan hasta el castillo. Guían a Dorothy hasta la puerta y esta mueve una gigantesca aldaba de bronce carcomido por el óxido y un gran temblor recorre el castillo.
Una ventan se abre y un pequeño hombrecillo saca la cabeza. Está medio calvo y tiene los ojos rojos, su aliento huele a alcohol y su cara tiene una barba de muchos días.
– A quien buscáis – grita con una vocecita cascada.
– Venimos a ver al mago – responde Dorothy
La ventanita se cierra de golpe y se escucha un gemido de infinita tristeza. Finalmente la gigantesca puerta de madera se descorre. El grupo entra. Invidente Dorothy, manco espantapájaros, defectuoso hombre de hojalata y patético león. El hombrecito está con el rostro congestionado y llora.
- El mago de Oz murió hace muchas noches. Desde su muerte nos lamentamos, no porque lo perdimos sino porque sabemos nuestro destino –
Dorothy teme lo peor y acierta. La malvada bruja del Norte ahora es la dueña del castillo y al enterarse que una comitiva a llegado en busca del mago los llama a buscar.
La bruja es hermosa, tiene la piel delicada como el mármol, está vestida de seda negra, la más fina tela que nadie pueda imaginar. Sus ojos verdes y profundos como una laguna en una tormenta miran a la comitiva. Escucha sus ruegos, le concede a cada uno su deseo. El hombre de hojalata puede volver a andar, el espantapájaros tiene nuevamente su brazo derecha, al león le desaparecen las infectas ronchas de su espalda y Dorothy recobra la vista, aunque lo que quería era volver a casa.
Acto seguido encierra a los cuatro personajes en la más profunda y oscura mazmorra y se desentiende de ellos.


Temas: | 9 Comentarios | Link
El forastero | 2003-06-06

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Comentarios

1
De: urahdal Fecha: 2003-06-07 17:14

Terrible y magnífico, quizás más lo segundo que lo primero. No te desentiendas de ello, tiene posibilidades de un viaje, aunque sea con sello y en fotocopias.
Bravo



2
De: El forastero Fecha: 2003-06-08 07:50

¿Qué quieres decir con eso?



3
De: urahdal Fecha: 2003-06-10 06:11

:) que bien merece un certamen.Que podrías mandarlo a algún concurso de cuento breve o similar.

Disculpa la metáfora, se me ha pegado como chicle. :)



4
De: Anónimo Fecha: 2003-06-13 00:02

malo



5
De: zxkjd Fecha: 2003-06-13 00:02

malo



6
De: anita Fecha: 2007-01-16 23:38

mo me pueden dar sacando las ideas principales ysecundarias
en q ambiente se creo la historia



7
De: Anónimo Fecha: 2007-06-03 19:29

horible



8
De: bonaceux Fecha: 2007-06-16 00:48

una tragedia intencional bueno para entretener pero falta de argumento para sorprender



9
De: bonaceux Fecha: 2007-06-16 00:48

una tragedia intencional bueno para entretener pero falta de argumento para sorprender



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